La sobreprotección en salud mental

La sobreprotección en salud mental

La sobreprotección en salud mental corresponde a la sobreprotección de la que ya hemos hablado en varias ocasiones de padres a hijos. Cuando se trata de hijos enfermos (sea cual sea la enfermedad) es lógico que protejamos más, mimemos más y consintamos más. No obstante, esto debería quedar reducido ante la recuperación del hijo, el cual será una persona más dentro de la sociedad independientemente que haya padecido una enfermedad o aun la padezca (en el caso de algunas enfermedades mentales).

Normalmente, cuando las enfermedades mentales aparecen lo hacen en la adolescencia, donde el individuo apenas posee experiencia laboral, lo que aporta la responsabilidad y compromiso, y las relaciones sociales que se establecen no tienen la madurez que se adquiere en la edad adulta. En esta fase, la familia sin información y muy preocupada aumenta su nivel de protección a un estado que se mantiene en el tiempo más de lo esperado y que aumenta a niveles muy preocupantes.

No hace falta que diga que obviamente la familia lo hace para “proteger”, no para “perjudicar”, pero está claro que a veces, sin quererlo perjudicamos a los demás y acabamos haciéndolo todo nosotros sin dar autonomía a la persona.

Esto ya no pasa tanto cuando en otras ocasiones estas enfermedades aparecen más tarde y decimos que el paciente “ya ha vivido” puesto que ha adquirido experiencias sociales y laborales. Probablemente ya haya volado solo, fuera del entorno familiar, con lo cual aunque enferme habrá adquirido previamente un respeto, saber estar, compromiso y responsabilidad.

Esto lo vemos mucho en el club social en varias actividades que llevamos a cabo durante el año. Estos son algunos ejemplos:

- Si hacemos una comida fuera cuando alguien acaba ya quiere irse, no atiende a que muchos no han acabado y que nadie se levanta de una mesa cuando acaba a no ser que llegue tarde a algún sitio.
- Una vez el plato está en la mesa nadie mira, no mira para ver si todos han sido servidos sino que pasan a comer directamente.
- Otras veces quedamos en un sitio a una hora y no aparecen. No llaman para decir que no lo harán. Es más, ni siquiera ponen excusas válidas para justificarse, simplemente no valoran que tu les estés esperando.
Estos son ejemplos de la vida cotidiana. Las personas con enfermedades mentales no tienen estas características ni se comportan así porque tengan una enfermedad. Muchas (no todas) se comportan así porque no les hemos dado autonomía y los hemos protegido y, precisamente, esto es lo que necesitan para poder contribuir de manera positiva en la sociedad.

Está claro que el primer paso lo deben dar las personas responsables de ello (mayoritariamente los padres), pero los profesionales implicados, resto de familiares y amigos también deberíamos tener muy presente el no sobreproteger porque no estamos ayudando a que estas personas sean autónomas.

Obviamente, las personas sobreprotegidas también deben dar un paso en frente y tomar sus propias decisiones y ser parte activa de sus actos. Todos podemos ayudar, pero no sobreprotegiendo.

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